PINCELADAS DE JOSÉ BALMES Y GRACIA BARRIOS

Juan Pablo Yáñez Barrios

El 23 de septiembre visité en su casa de Santiago a Gracia Barrios y José Balmes –mis tíos-, pintores chilenos conocidos internacionalmente. como director de esta revistita, iba con la intención de hacer una entrevista. Fui acompañado por mi madre, Doña Pita, hermana mayor de Gracia, hijas del premio nacional de literatura, Eduardo Barrios. Allí, en casa de los pintores, en Ñuñoa, conversamos, almorzamos, visitamos el gran taller, hicimos fotos y nos sentimos en familia… como lo que somos. Todo fue risa y las hermanas Barrios y Balmes hablaban los tres al unísono por más que yo me empeñaba en poner orden. De modo que la grabación parece una fiesta de espontaneidad. Además, la grabadora anduvo fallando, de modo que a la cinta le quedó una musiquilla de fondo, de Bach, Albinoni y otros que, por esas casualidades que no lo son, le da a la conversación un emocionante Airecillo Barroco… He gozado transcribiendo. El resultado, finalmente, lo entrego a pinceladas, pues ponerle pies y cabeza a la conversación sería más difícil que armar un puzzle chino. Me concentro fundamentalmente en las palabras de Balmes, ya que mientras él se dirigía a mí, las hermanitas barrios parloteaban por su lado…

EXPOSICIÓN CONJUNTA 2011

Balmes:
Con Gracia estamos preparando una exposición en conjunto en el Museo Nacional de Bellas Artes, para el próximo año, aún sin fecha determinada. Trabajamos en eso actualmente, en obras de distintas dimensiones, algunas muy grandes. La palabra “retrospectiva” no nos gusta nada, creo que se va a llamar algo así como “de ayer y de hoy”, o simplemente vamos a poner dos fechas. Se trata de una síntesis que más o menos representa los últimos cincuenta años de pintura de nosotros dos, periodo en el que hay distintas técnicas, distintos procedimientos, distintos formatos… Será un espacio grande en el Museo, pero tampoco está resuelto todavía el lugar exacto, se va a definir en unos meses. Son como cuarenta o cincuenta obras de cada uno, algunos de grandes dimensiones, hasta cinco metros o más.

Esto significa mucho trabajo, así que por suerte nos pudimos desligar de otras preocupaciones, algunas de índole gremial, aunque siempre estamos en contacto con otros artistas. Por mi parte, yo estaba dirigiendo el Museo Salvador Allende y eso me daba un trabajo enorme, pero finalmente me jubilé de eso – se podría decir- y la dirección la está llevando a cabo otra gente, algunos que trabajaron conmigo. Eso me permite ahora trabajar con toda libertad, a cualquier hora del día, sin que te llamen por teléfono y te digan… ¡putas, ahora tenís que ir al Museo porque pasa esto y esto otro…! No… eso se acabó y creo que es bueno para estos últimos decenios en que estamos, pues tenemos 83 años cada uno y… bueno, se puede llegar a los 100 y más, nunca se sabe…

OBRA SOBRE COBRE

Para la exposición del próximo año acabo de terminar una obra sobre cobre que tiene como tres metros de alto por uno de ancho, algo muy contemporáneo, pintado sobre el cobre con distintas técnicas. Alguien me dijo que se podía oxidar, no recuerdo quién, y, bueno, eso le da su valor también, el valor del tiempo… Y Gracia está pintando un tríptico enorme.

TALLER EN CASA

Es una gran cosa tener tiempo y tener el taller aquí mismo en la casa, no tienes que moverte de un lugar a otro, por la mañana puedes ir a pintar en piyama si quieres, muy cómodo… Construyeron unos edificios al lado de la casa, allá al fondo, y cuando estaban construyendo nosotros plantamos unos eucaliptos que han subido tan alto que ya los edificios no se ven, eso nos protege. Y los edificios del frente, yo diría que hasta acompañan, se ven luces…

VÍCTOR JARA

Un día de septiembre del 73 llegó a esta casa Víctor Jara para decirme que venía del Perú y que el Encargado de Cultura en Lima me pedía que estableciera contacto con él porque había que hacer todo un trabajo en conjunto con distintos artistas… Ahí conversamos durante un par de horas con Víctor, yo estaba sentado, hice un dibujo de su cabeza mientras hablábamos… Dos días después vino el golpe militar, mi padre vio el dibujo por ahí encima, se asustó, lo rompió y nosotros partimos al exilio inmediatamente. Y ahora estoy haciendo para la exposición algunas cosas de impresiones, de conversaciones, como éste (ver foto), que tiene estas dos fechas… cuando estuvo Víctor aquí y hoy.

EXILIO SOBRE EXILIO

Llegué de 12 años a Chile, en el Winnipeg, en el exilio político de mi familia. Yo soy chileno, me siento chileno, pero con la Gracia vivimos mucho tiempo en Barcelona, como quien dice, en un segundo exilio. Barcelona era una de las ciudades europeas en que Gracia se sentía mejor. Cuando estábamos en París le costaba mucho todo, el clima, la gente, y recuerdo que tomábamos el Talgo y llegábamos a Barcelona y entonces ella feliz se paseaba por el Paseo de Gracia, cambiaba su trote, iba a las tiendas, decía que había otro tipo de gente. Francia es un país jodido, en el que yo no viviría nunca. Tenemos muchos amigos que nos trataron muy bien cuando vivimos allí, es un lugar de artistas, todo perfecto, pero tú no estás en lo tuyo. En cambio, en Barcelona sí. Tiene mucho más que ver con Santiago de Chile, empezando por el idioma. Madrid me encanta también. En Madrid había un crítico de arte muy amigo nuestro que se llamaba Moreno Galván, en los tiempos del franquismo. Gritaba como loco: ¡Este es un país de mierda, el más pacato…!, y yo le decía oye, mira para arriba ese aviso, uno que decía “sífilis”, algo para el tratamiento de las enfermedades venéreas, y eso en pleno franquismo, cosa que no se veía en Francia, ¿entiendes tú? Entonces Moreno Galván me dijo sabes tú, tienes razón… Claro, un cierto desparpajo, en un país católico… Los franceses jamás habrían puesto una cosa así.

PINTANDO EN SAN JOSÉ DE MAIPO

DdO: ¿Cuándo fueron por primera vez a San José? Balmes: La primera vez que fuimos con Gracia a San José de Maipo…

Pita: Cuando empezaron a pololear… Balmes: Sí, debemos haber tenido 16 ó 17 años… Yo creo que la primera vez fue en el trencito, en el cual viajamos muchas veces, también con otros pintores, y también íbamos en micro, que se demoraba como tres horas.

Gracia: Recuerdo que cuando yo llegaba del colegio, a la casa de… de…

Pita: …de Bilbao, en ese tiempo ya estábamos en la casa de Bilbao. Era a principio de los 40.

Gracia: Sí, y yo llegaba del colegio y me cambiaba de ropa y me iba a Bellas Artes y Balmes también iba, en la tarde, y ahí nos conocimos. Mi papá me compraba material de muy buena calidad para hacer dibujos con pluma, e incluso había otros escritores amigos de mi papá que le encargaban que me comprara material. Y la Pita llegaba a veces muy elegante a Bellas Artes y se sentaba al lado del piano ese que había en el fondo…

Pita: ¡Sí, en el tiempo del grupo de Los Plásticos! Ahí conocí a Miguel.

Gracia: Sí, ahí lo conociste.

Balmes: ¿Te acuerdas, Gracia, de esas micros a San José? ¡Ja ja ja!

Gracia: Mi papá nos daba cosas ricas para que lleváramos y comiéramos todos juntos. Íbamos en grupo, niñas y jóvenes. Después empezó a ir mi papá con nosotros, y después también iba Don Damián, el papá de Balmes, porque la mamá de Balmes se murió y él quedó solo. Al saber eso, mi papá dijo “lo vamos a invitar a San José a Don Damián”.

Balmes: Y jugaban dominó en la galería. En el pueblo había otro español, que tenía el teatro… ¿Cómo se llamaba?

Pita: Félix Martínez…

Balmes: ¡Ese! Y para una Semana Santa puso un cartel en el teatro que decía algo así como “vea a Nuestro Señor Jesucristo en esta película religiosa y… cómica”. Y don Eduardo va y le dice ¿cómo que cómica?, y el otro contesta pues sí, don Eduardo, pues después de la película vienen los monos animados… ¡ja ja ja! Y otra vez le contó a don Eduardo que lo iban a operar, que estaba muy mal, y don Eduardo le pregunta ¿pero qué enfermedad tiene, don Félix?, pues no sé, don Eduardo, pero es una cosa muy peligrosa. ¡No tenía idea de la enfermedad que tenía!

Gracia: Era muy cómico…

Balmes: A mí me encantaba San José. Clima agradable, cerca de Santiago. Aunque el viaje era largo, me encantaba. Llegábamos en tren o había que dar la vuelta en micro por el puente de El Colorado, que era uno chiquitito, no el de ahora. Casi siempre llegábamos en tren a la estación… ¿Todavía está la estación?

DdO: Poco queda, Balmes, poco va quedando…

Balmes: Pero la línea sí está…

DdO: Línea sí que no hay. Desmantelaron todo.

Balmes: Qué pena. Era fantástico esta cosa del trencito ahí subiendo, a veces empujando, ¿verdad? El escultor Sergio Mallol hasta llevó unas piedras una vez y las trabajó en San José de Maipo, en la casa de Don Eduardo. Yo también pinté mucho allá, y la Gracia… Realmente subíamos a eso, a pintar… Íbamos con el escultor Juan Egenau, el pintor Reinaldo Villaseñor y otros…

DON DAMIÁN BALMES

Balmes: Mi padre, en la montaña de Montesquieu, cazaba jabalíes. En la casa, donde había una puerta, había una pata de jabalí, donde había otra puerta, una cabeza de jabalí, y todos los cazaba él. Iban con unos perros especiales, y a veces el jabalí le pegaba un pencazo al perro y lo destripaba. Después se vino a Chile mi papá y cambió los jabalíes por los zorzales de San José. Y me acuerdo de la canción que le inventó don Eduardo, que se llamaba “El valiente cazador”: Un valiente cazador / que era socio de Armengol / ha cazado un zorzal / del tamaño de un chincol. Armengol era un socio de mi papá en sus negocios. Entonces mi papá llegaba con un pajarito y don Eduardo lo hueviaba mucho. Jugaban dominó y don Eduardo le cantaba.

CARMEN RIVADENEIRA DE BARRIOS

Gracia: Recuerdo una vez que íbamos a París y mi mamá, que era una gran pianista, nos dice a ver si ustedes, que van a París, me encuentran por allá… ¿conocen allá alguna casa de música? Sí, le dijimos, por ahí por Montparnasse hay una. Porque hay un disco de un pianista que me gusta mucho, un italiano nuevo…, y Balmes anotó el nombre. Y en París vamos a la tienda y preguntamos por él y dice el vendedor ah, pero claro, si este es un joven muy bueno, reciente… mira, mira tú todo lo que sabía mi mamá, y le trajimos el disco.

Balmes: Doña Carmen se hacía la lesa, pero sabía mucho. El vendedor no lo podía creer, ¿pero quién es esa señora en Chile que lo conocía? ¡Si es muy nuevo! Seguramente ella lo había escuchado por la radio, tenía conocimiento la mamá de ustedes…

Pita: Sí, siempre escuchaba la radio Chilena después de almuerzo.

Balmes: ¿Cómo es que se llamaba el pianista? Por ahí debo tenerlo anotado todavía. ¡Ay, en esta casa se pierde tanta huevá!

EDUARDO BARRIOS Y JUAN EMAR

Balmes: En París viví una anécdota con el famoso Jean Emar, “estoy hasta aquí”. Una vez teníamos que encontrarnos y yo le digo ¿y qué le parece que nos encontremos en el Café Dôme, en Montparnasse? Y el me dice con cara de aburrido ¡ay no, por favor, Pepe, he estado ya treinta años sentado en el Dôme! ¡Es que tenía muchos amigos, viajaba tanto! Y Eduardo Barrios le reconoció a Juan Emar su capacidad literaria, siendo un escritor tan distinto a él. Tenía un profundo respeto por él y lo admiraba mucho. Yo diría que en cierta manera “Gran Señor y Rajadiablos” no sería posible sin Juan Emar, pues Eduardo Barrios le dijo oye, ¿por qué no te comprai un fundo?, y el otro se lo compró, ja ja ja. Todavía está en La Marquesa esa encina, creo yo, que sale en Gran Señor y Rajadiablos, que no sé cuántas personas podían abrazar juntas para rodearle el tronco.

Pita: El historiador Fernández, que compró el fundo «La Marquesa», a esa encina, que está en la entrada a las casas del fundo y que es la que mi papá describe en Gran Señor y Rajadiablos, le puso rodeando el tronco una cadena con una placa recordatoria de cobre. Hace poco, en el lanzamiento de la nueva edición del libro, se nos acercó un sobrino del señor Fernández, de apellido Salas, y nos confirmó que actualmente la encina sigue ahí con la placa recordatoria. Quedamos de visitarla algún día. Creo que Fernández también compró los originales del libro.

Gracia: Cuando era chica, en La Marquesa, yo salía al patio a robar chirimoyas, y por ahí por los pasillos me encontraba como a mediodía con Juan Emar en piyama. Venía recién levantándose, paseándose con una botella de pisco, y nos veíamos los dos y al mismo tiempo nos poníamos el dedo en la boca haciéndonos callar, sssshhhhhhhh, para que nadie nos fuera a pillar: yo con chirimoyas y el tío Pilo con el pisquito…

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