Maiponolopillán y otros loncos

Texto: Gaston Soublette / Imágenes: Memoria Chilena


“En ese siglo XVI de la conquista, la zona metropolitana estaba dividida en sub zonas gobernadas por diferentes “Loncos”. El del Cajón del Maipo se llamaba MAIPONOLOPILLAN. Este nombre, por su etimología, remite a la idea de un jefe dotado de poderes paranormales (pillán), que tiene “garra” capaz de trazar un surco profundo en la tierra.”

Los chilenos somos olvidadizos, por eso nos deshacemos fácilmente de nuestras tradiciones. El pasado de este país está lleno de bellas historias que dan cuenta de un Chile con carácter, de una sociedad con estilo, de un pueblo con identidad cultural. En eso los indígenas nos aventajan a los “huincas”. Los mapuches son un ejemplo de amor a lo propio que el hombre blanco de esta tierra nunca ha tenido.

Compendio della storia geografica, naturale, e civili del regno del Chile. Bologna Nella stamperia di S. Tommaso D’Aquino, 1776.

Por eso al chileno común no le interesa su pasado. Da la impresión de que por creer en el progreso material, y solamente en esa forma de progreso, se desvincula de su pasado, al que mira con un tiempo de “atraso”, sin detenerse a pensar que lo que ha llegado a ser hoy depende en gran medida de lo que ha sido en otros tiempos.

Si Chile tiene aún buenos poetas, es porque en otros tiempos vivió poéticamente. En este artículo me propongo recordar sumariamente algunos momentos de ese otro Chile que se nos fue.

Cuando lo españoles entraron en el valle de Santiago tuvieron que avanzar por los faldeos de las colinas de Batuco, porque toda le pradera con que se inicia el valle estaba cubierta de agua. Un agua poco profunda, a lo sumo de dos metros de profundidad. Eran grandes pantanos con cañaverales. De eso sólo queda como recuerdo la precaria laguna de Batuco, y los totorales que bordean la ruta 5, a la altura de Lampa.

En ese siglo XVI de la conquista, la zona metropolitana estaba dividida en sub zonas gobernadas por diferentes “Loncos”. El del Cajón del Maipo se llamaba MAIPONOLOPILLAN. Este nombre, por su etimología, remite a la idea de un jefe dotado de poderes paranormales (pillán), que tiene “garra” capaz de trazar un surco profundo en la tierra. Seguramente, formado en las técnicas de ingeniería hidráulica del imperio incaico, su nombre sugiere que fue él quien inicio las faenas que abrieron el canal que hoy se denomina “Canal del Maipo”, adelantándose a O’higgins, quien figura en la historia oficial como el constructor de esa obra.

La localidad de Colina debe su nombre no a este tipo de monte de poca altura que llamamos colina, sino al nombre de su lonco, que era COLIN. En esa región había un templo de las vírgenes del sol, cuyos últimos vestigios fueron demolidos hace unos treinta años, por ignorancia.

La localidad de Lampa debe su nombre también a un lonco, cuyo último descendiente se ha distinguido como cantor a lo poeta. Lo conocí en un encuentro folklórico que se realizo en el trato Caupolicán. Entiendo que es bisnieto del último lonco de lampa.

El monte Huechún, que se alza frente a la ruta 5 a la altura del poblado de Montenegro, debe su nombre a que es una réplica, a escala humana, del Aconcagua, que se divisa al fondo en la alta cordillera de Los Andes. Porque ese nombre significa la “cumbre”, es decir, lo mas alto, y está claro que no se trata de un monte de gran altura (1800mts.). pero mirado desde la ruta en cierto ángulo, en un día de mucha claridad, revela su secreto cuando descubrimos que es la imagen terrenal (que parece diseñada a pantógrafo) de aquellas otras alturas celestiales. En su cumbre, y mirando hacia el Aconcagua tiene grabado en la roca más alta un petroglifo del sol. Bordeando los causes de las aguas lluvias que bajan de él hay varias rocas horadadas con bellas y lustrosas tazas, altares de sacrificio para las divinidades que cuidaban las vertientes.

Bajando la cuesta que conduce del nivel del Huechún, Montenegro y Rungue, se llega al nivel de Lampa. Hacia el norte se divisa desde la ruta un monte rocoso y empinado, llamado Quilapilún. Su nombre quiere decir “tres orejas”, y se relaciona con el poder que algunos chamanes indígenas tenían de poder escuchar lo que nadie escucha, con la ayuda de un “pimuntúe”, piedra horadada de perforación cilíndrica, generalmente hecha de piedra marmórea, o basalto negro muy duro. Ese monte es el límite norte de un pequeño valle o cajón llamado de las tórtolas, hoy ocupado por el relave de la mina la disputada de la Exxon Company. El tranque de relave cubrió los innumerables altares de sacrificio con piedras tazas de un santuario que allí había, dedicado a los ritos de la fertilidad. Por eso la colina que da acceso al cajón se denomina “canto de la rana”, animal que simboliza la fertilidad.

El nombre de Limache, viene de una palabra compuesta: Lic-machi, que significa “machi blanco” o “machi de raza blanca”. Se refiere a un conquistador español de apellido Calvo, que se casó con una hija del inca Atahualpa, por lo cual fue perseguido por Francisco Pizarro. El inca protegió a su yerno y lo mandó clandestinamente a Chile, con la misión de ponerse e las órdenes del cacique Michimalonco, en Quillota, donde éste tenía su cuartel general. Calvo abjuró de su nacionalidad y devino un toqui mapuche reconocido como un gran estratega.

Vivió en el valle de Limache con su princesa incaica, y es el único hombre de raza no mapuche que fue ordenado machi, en atención a su afición al saber oculto y a su matrimonio con la hija del gran emperador del norte, bajo cuyo dominio se encontraba la región que hoy llamamos metropolitana, y también la quinta región y todo el territorio que se extiende hasta el río Maule…

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